taller de filosofía y medios de comunicación

Sesión inaugural del jueves 11 de febrero de 2016 

¿Qué es la filosofía y de qué manera nos puede interesar? Esa pregunta nos abre a dos posibles enfoques: 

  • La filosofía como fundamento filosófico occidental presente en los medios: Esta visión nos permite dar contenido a la voz “filosofía”, y sirve como tal para “introducir”1

  • Crítica específicamente filosófica de los medios. 

Comenzamos por la crítica de la polaridad, rechazando las diferencias supuestas entre fascismo y antifascismo2. Esta polaridad es continuamente alimentada en las noticias, que construyen el imaginario colectivo. 

La noción de “noticia” habla de una herramienta, que abriga los siguientes aspectos: 

  • Encarna el modelo de la profecía autocumplida (ejemplo: noticias financieras y sobre la bolsa). 

  • Propaganda: se da una auténtica “guerra de las noticias”. 

  • Establecen un discurso, que se opone a una perspectiva crítica. El interés del noticiario va a favor de la permanencia del status quo. Aquí descansan los límites de su supuesta libertad. El modelo de lo contrario es la represión política que sufre toda auténtica crítica. 

De todo ello hemos deducido que toda reflexión queda coja si no va acompañada de una propuesta ética que se oriente por los siguientes parámetros: 

Dictadura económica: Comentamos el caso de que en Alemania es común ver a gente mayor realizando trabajos de baja o nula calificación. Este ejemplo muestra que prima la “Idea” (Platón), es decir el sistema (Hegel), o también la “ideología” (Marx). 

Dictadura de la mente: esta debe ser la verdadera referencia para juzgar los aspectos dictatoriales de una sociedad, y la que más nos interesa, pues es la que ejercen los medios de comunicación. Su normalidad lleva aparejada la idea de que no es posible pensar más allá de los límites que ellos imponen. 

Por último, no se debe menospreciar el aspecto militar de toda dictadura. Al rebelde se le responde con violencia física, además de con violencia económica y verbal. 

Ello nos hace replantearnos nuestro concepto de racionalidad. 

  • Necesidad de posicionarse, o sea de “tomar partido”. Huida de la neutralidad, que a menudo encubre el espacio de lo normalizado por el espectro informativo del noticiario. Por el contrario, sostenemos, con los filósofos de la sospecha3, que todo discurso responde a una lucha previa. Todo hablar se produce desde un bando

  • Cuando hablamos de dictaduras, es preciso que huyamos del tópico “normalizado”. Esto nos permite determinar 3 tipos de dictaduras, que a menudo, si no siempre, encontraremos coimplicados: 

  • Esta responde, por un lado, a criterios de eficacia o utilidad. Su opuesto en este caso son los valores (Weber), es decir, lo que nos remite a la moral y la tradición (Gadamer). 

  • La racionalidad, así concebida, no debe creerse neutra, sino que impone nuevos valores: 

  • Mercadotecnia (ONGs, ecología, etc.). 

  • Consumismo 

  • Industria cultura (Adorno & Horkheimer). 

  • Estos valores se deben entender como elementos de adoctrinamiento, que responden a la “ideología”, según la hemos expuesto más arriba. 

  • Pero además, la racionalidad como tal sirve para distinguirse del otro (Descartes, Foucault), en un proceso interno que impone una lógica totalitaria que coincide mutatis mutandis con lo que más arriba hemos calificado como “dictadura mental”.

  • Hemos destacado la importancia nuclear de la lucha. Sin embargo, ¿quién es su protagonista? ¿Hay luchadores en la sociedad? El modelo quizá lo encontramos en el “vago”, el “parásito”, es decir, aquel que la propia sociedad señala como “perjudicado” de nacimiento (y lo “soborna” con subvenciones). La tarea filosófica, a este respecto, consistiría en romper con el victimismo supuesto de estos personajes marginales, que conviene al discurso autojustificador de la sociedad totalitaria. Esta posición se puede considerar “revolucionaria”, por así decir, o rebelde, en la medida en que: 

  • Rompe el sistema (huye de las imposiciones, tanto económicas, como legales o sociales). 

  • Escapa al control, llegando incluso a confrontarlo con el robo o la estafa (contra el Estado y contra los poderes económicos). 

La cuestión del adoctrinamiento nos lleva a un análisis del papel de la educación. Esta, a su vez, nos suscita varias cuestiones: 

  • El concepto de “historia” desplegado en la educación. Esta es doctrina, y en particular evidencia el interés por exponer la génesis de lo político que da todo el protagonismo al nacimiento de los Estados. 

  • El papel de la escuela se conoce como “formación”. Es decir, que teóricamente se opondría a la “in-formación” que hemos analizado en relación a las “noticias”. Sin embargo, se ve que la formación también es un concepto tendencioso, interesado y adoctrinador. La información no es el negativo de la formación, sino su contenido; no se opone a ella, sino que la complementa. 

  • El sistema capitalista es característicamente permeable: es decir, absorbe los iconos de su propia resistencia. La lucha contra el capitalismo parece una lucha imposible o destinada al fracaso o la traición. 

  • En la oposición entre acción y pensamiento, hay que plantearse la conveniencia de los movimientos asamblearios. 

  • La cuestión de los valores, relacionada con la educación, nos pone ante la posibilidad de recuperar la oposición entre autenticidad e ilustración, donde esta concluye en la perversión de sí, al conducir a un estado eminentemente alienante (conformación de los Estados y del sistema capitalista) bajo el paradigma de la racionalidad y la libertad individual. 

  • El espacio de la autenticidad, en cambio, nos abre ante la perspectiva de un acercamiento al comunitarismo (McIntyre), que reivindica la recuperación de los lazos sociales (eróticos –Freud), y que, sin embargo, por ser interclasista, algunos no han considerado “revolucionario”. Este se opone característicamente a un individualismo de corte capitalista, que es su fundamento, y que bloquea el poder revolucionario o transformador de los movimientos sociales al convertirlos en: 

  • Un espectáculo 

  • Una necesidad psicológica, que se comprende como “rebeldía juvenil”. 

Así reciben su espacio en el margen más amplio de una sociedad capitalista que es incuestionable, indudable, límite de lo racional y real sin fisuras. 

Preguntas: 

  • ¿Qué es la revolución? ¿Debemos aspirar a la revolución? ¿Debe ser entendida como una propuesta ética o política? Caso de que renunciemos a ella: ¿tenemos formulaciones más adecuadas para una propuesta ético-política? 

  • ¿Qué significa “posicionarse” o “tomar partido”? ¿No hay riesgo de recaer en una oposición maniquea y falsaria del tipo socialismo-capitalismo, izquierda-derecha? ¿Cuáles serían los términos de esta oposición? 

  • ¿Qué papel concedemos a la formación y a la educación en el espacio social? ¿Sería preferible eliminarla y sustituirla por un modelo puramente comunitarista o cabe ofrecer propuestas alternativas? En tal caso: ¿cuáles serían sus ideales? 

Otras referencias: 

  • Nietzsche: Sobre el porvenir de nuestras escuelas. 

  • Adorno & Horkheimer: Dialéctica de la Ilustración


1¿Qué es introducir? P.-L. Assoun: Introducción a la epistemología freudiana.

2 Sloterdijk: Matar a un mandarín chino. El narcisismo de las pequeñas diferencias.